Se miraron. La atracción era mutua, pero ella no entendía porque siempre que intentaba acercarse, él la rechazaba. Pero ese día las fuerzas de él fallaron. Ella pudo notar la cálida mano acreditándole el pómulo de la cara.
- Eres hermosa.
Las manos estiraron los dedos que le resiguieron el contorno de los labios. Después, casi con un impulso involuntario él bajo la mano hasta la barbilla. Una vez allí, ella se dejó llevar. Sus labios se fundieron en un beso. En aquel beso de película que ella siempre había buscado en los labios de él.
- ¡Mierda! No deberíamos estar aquí... Yo... Lo siento. Él dio un paso hacia atrás. Sus ojos dejaron de mirarla y se posaron en el mar sumiso, calmado, como si la presencia de aquellos dos chicos no le importara.
- Lo sé... Siempre me has odiado.
Su voz sonó rota, destripada. El tono de sus palabras iba aumentando. Molly se mordió el labio y cerró los puños con fuerza, intentando contener las lagrimas.
- ¡Deja de hacerme daño¡ ¡Deja de darme esperanzas¡ ¡ Primero me amas y luego no! Coqueteas conmigo y luego me dejas tirada, en mitad de la nada, sola. ¡Estoy harta!
Entonces rompí a llorar. En ese momento no supo si lo hacia por rabia o por tristeza. Puede que ese llanto fuera fruto de esos dos sentimientos. Una mezcla explosiva y dolorosa, que te clavaba agujas sin piedad cubriendo cada parte de tu cuerpo.
- Yo... -
Le dio la espalda. Cuando se volvió tenia las manos en las sienes y soltó un profundo suspiro.
- Es difícil. Yo no te convengo. Debes alejarte de mi. Jack la miro preocupado, pero ella no se digno a articular palabra. Al ver que todo aquello se había acabado, se tapo con la chaqueta cruzando los brazos y le dio la espalda. Estaba dispuesta a dejarlo, a olvidarle. Estaba dispuesta a no volver a mirarlo a la cara. Pero él estubo lo bastante cerca para hacer que todo aquello no ocurriera. La agarró del brazo y le dio la vuelta. El movimiento fue rápido. Lo bastante como para que, en cuestión de segundos, los dos se vieran acoplados el uno al otro. Ella le paso las manos por el cuello y enredo sus manos en el pelo de él, y él la cogió de la cintura, delicadamente. El beso fue largo, intenso, pausado. Ella sintió que su sangre empezaba a hervir. Sintió el estallido de un fuego desconocido en su interior. Aquel beso era pura lujuria. Pura pasión. Ella deseaba cada vez más y más. Como si todo lo que le ofreciera él fuera insuficiente. A duras penas el consiguió retirarse. Respiraban atrevas de gemidos, de suspiros cortados y acelerados. Pero eso no le impidió soltarle un "Te quiero" que cambiaría la vida de ella para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario